Navidad en el sur de Francia: Rocamadour y Sarlat

A la mañana siguiente salimos a visitar Rocamadour, una hora de camino por carreteras interiores pese a que tan sólo dista 50 km de Sarlat, pero sin duda valió la pena.

Es una ciudad medieval construida sobre un acantilado Su famoso santuario es un importante punto de peregrinaje, con la iglesia de Notre Dame y su famosa escalinata, que nuestro pequeño viajero decidió subir casi de rodillas muerto de la risa. Es lo que tiene viajar con un niño de 2 años, que uno nunca sabe dónde encontrará la diversión.

Junto a la entrada principal hay muy pocas plazas de aparcamiento y estaban todas ocupadas, así que nos tocó bajar hasta el parking situado en la ladera. Es gratuito y desde allí hay un camino de regreso a la entrada para peatones. Tomamos alguna fotografía y comenzamos la subida.

Rocamadour, ciudad medieval

La ciudad estaba tranquila y con muy poco turismo. El ascensor de subida no estaba en funcionamiento y alguna de las tiendas cerradas, también por la pausa que hacen a la hora de comer, pero se agradeció pasear por la zona con tranquilidad y en calma. Visitamos la capilla de San Juan Bautista, la Basílica de Saint Sauveur y por supuesto, Notre Dame, con la famosa virgen negra.

Rocamadour bien merece una visita y en general el Valle del Dordoña sería un lugar interesante para volver. Durante el regreso tuvimos que parar varias veces para tomar fotografías, maravillados por algunos paisajes en el camino. La zona ofrece además un montón de lugares para visitar y actividades familiares, así que es un buen destino para vacaciones en familia.

De regreso a Sarlat dimos una vuelta por el centro, hicimos algunas compras, cenamos y después de pasar otro rato en el mercadillo de navidad, volvimos al hotel.

Durante las dos noches que nos alojamos allí únicamente visitamos la ciudad una vez que ya había oscurecido, y aunque estaba preciosa con la iluminación navideña, nos apetecía disfrutar de una visita diurna para admirar el color de los edificios tan característicos de la zona.

En los alrededores también hay muchos sitios para visitar, grutas, castillos, jardines… y ha sido escenario para muchas películas, pero desafortunadamente, con una estancia tan breve no era opción para nosotros.

A la mañana siguiente salíamos para Toulouse, pero como  no nos pusieron problemas para dejar el coche en el garaje del hotel, aprovechamos para visitar la ciudad con luz diurna. Pasamos una buena mañana tomando fotos, y de nuevo el pequeño viajero encontró su momento de diversión junto a la estatua de bronce de las ocas, símbolo de la ciudad en la que venden paté por todos lados, aunque a nosotros no nos guste mucho. Comimos en un restaurante italiano muy recomendable y desde allí, pusimos rumbo a Toulouse.

Navidad en el sur de Francia: Rocamadour y Sarlat
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