Navidad en el sur de Francia: Carcassonne y Toulouse

El viaje a Toulouse lo hicimos por autopista, lo que significó un alivio después de tanta carretera secundaria de doble sentido. Teníamos en mente una parada intermedia para visitar Albi pero el cansancio nos pudo, y seguimos directos hacia Toulouse, previa parada en un Lidl para comprar galletas y cereales.

Ya en Toulouse nos confundimos de Ibis y nos fuimos al que no era. Parece ser que le pasa a mucha gente porque el recepcionista ya lo dio por hecho y nos mandó al nuestro, que como también suele pasar, no era ni tan céntrico ni tan bonito como en el que estábamos.

En realidad lo habíamos reservado la noche anterior, cuando nos dimos cuenta de que no teníamos hotel para las siguientes noches. Como teníamos que entregar el coche en el aeropuerto de Toulouse, decidimos tomarlo como base para otras 2 noches y reservar allí. Estuvimos mirando varias opciones y al final, elegimos la peor. Tampoco nos molestamos mucho así que nos está bien empleado. La lógica fue: estamos en un Ibis, está bien, pues reservamos otro de la misma cadena.

El Ibis Budget Toulouse Centre Gare es un hotel muy básico en cuanto a instalaciones, de calidad inferior a otros Ibis Budget, con aspecto de pensión de alquiler por horas. La impresión a la llegada no fue la mejor, por el tipo de gente que entraba y salía y probablemente por la zona, aunque luego nos dimos cuenta de que no estaba del todo lejos del centro. Aunque creemos que deberíamos haber invertido algo más en esas dos noches para estar más cómodos, hay que reconocer que la cama era cómoda, el parking gratuito y el precio más que bueno.

Carcassone

Era tarde así que ya ni salimos. La noticia del atentado en el Mercado de Navidad de Breitscheidplatz, en Berlín, nos sorprendió mientras picábamos algo. Hacía justo un mes que habíamos estado allí y es totalmente frustrante ver el poco respeto que una panda de locos tienen por las vidas de otras personas. Los siguientes días la presencia policial sería una constante allá por donde nos moviéramos, al punto de hacerte sentir en un no muy agradable continuo estado de alerta.

Con ese ambiente, a la mañana siguiente no nos apeteció quedarnos en Toulouse así que decidimos acercarnos hasta una ciudad que siempre habíamos querido conocer: Carcassonne o Carcasona, como más os guste el nombre. Es una ciudad medieval preciosa, más bonita si cabe que las que acabábamos de visitar y que además cuenta con dos bienes declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: el canal de Midi y la ciudad amurallada.

Queríamos visitar primero la ciudad amurallada, que se encuentra en la parte alta de la ciudad. Nos acercamos hasta un parking que había a los pies de la colina y nos extrañó que sólo había un coche. Dimos por hecho que era lo más cerca de la muralla que se podía aparcar, lo cual era todavía más extraño. Finalmente, decidimos aparcar en la calle y subir a pie. Decidimos llevar el bugaboo porque probablemente nos haría falta para la siesta, aunque las cuestas nos desanimaban un poco.

Luego vimos que se podía subir con coche hasta casi la entrada, hay varios aparcamientos y sitio para aparcar en los alrededores. Como ya ocurriría en Rocamadur, no había una gran afluencia de turistas y pudimos pasear con tranquilidad por las calles siguiendo el mapa que nos facilitaron en la oficina de turismo.

El Bugaboo fue un inconveniente a la hora de visitar las murallas, pero es lo que tiene viajar con niños… decidimos repartirnos y así pudimos ver algo cada uno. Paseamos y disfrutamos del entorno mientras él corría detrás de las palomas, reía y jugaba en cada piedra que encontraba.

A la hora de comer buscamos un restaurante y, casualidades de la vida, entramos a uno regentado por un brasileiro y un dominicano, donde probamos algunos platos típicos de la zona. No suena esto muy tradicional pero la comida estaba buena. Al salir estaba lloviendo, así que tomamos el camino de vuelta por el lado contrario al que habíamos subido y en lugar de ir hacia el coche, caminamos al centro de la ciudad.

El río Aude recorre la ciudad y desde allí, tomamos algunas fotos panorámicas de la muralla. Vimos también las marcas del nivel del agua en 1820 y 1891 sobre el puente que cruza el río y ya sí que sí, nos acercamos hasta el mercado de navidad.

La lluvia no nos permitió pasear demasiado por las casetas, así que nos fuimos para una iglesia cercana donde visitamos una exposición de belenes de navidad del mundo. De allí, a una librería para comprar un ejemplar de El principito en francés para nuestra colección.

Hicimos algunas fotos al anochecer y comprendimos que habíamos cometido un error. Hubiera sido mucho mejor quedarnos a dormir allí en lugar de reservar las 2 noches en Toulouse, pero ya estaba hecho. Nos quedaba un único día de vacaciones antes de volar a Madrid, y lo dedicaríamos a visitar la ciudad de los edificios rosados, Toulouse.

El despliegue de medidas de seguridad que encontramos por la ciudad fue impresionante. Policías patrullando en cada esquina, bloques de hormigón para evitar la entrada de vehículos a determinadas calles, control de mochilas y bolsos al acceder a grandes almacenes… era fácil entrar en pánico con ese panorama, pero decidimos relajarnos y disfrutar la ciudad.

Visitamos el mercado de navidad, paseamos por la orilla del río, callejeamos hasta perdernos y cuando se acercaba la hora del vuelo de regreso recogimos el coche en el hotel para entregarlo en la oficina del aeropuerto. La escapada por tierras francesas había llegado a su fin, Madrid nos esperaba.

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